martes, 13 de octubre de 2009

El bautismo ( Amamos a Galeano)

Una tormenta feroz estaba bombardeando la ciudad de Buenos Aires. El padre arrancó al bebé de los brazos de la madre, se lo llevó a la azotea, y lo alzó, desnudito, en la lluvia helada. Y a la luz de los relámpagos, lo afreció:
-¡ Hijo mío, que las aguas del cielo te bendigan!
El recién nacido se salvó, nadie sabe cómo, de morir de neumonía.
También se salvó de llamarse Descanso Dominical . El padre, anarquista, pobre y poeta, siempre perseguido por los policías y los acreedores, quiso llamarlo así en homenaje a esa reciente conquista obrera, pero el registro civil no le aceptó el nombre. Entonces se reunieron los amigos, anarquistas, pobres y poetas, siempre perseguidos por los policías y los acreedores, y discutieron el asunto. Y fueron ellos quieres decidieron que el niño iba a tener destino literario, y merecía llamarse Catulo, como el poeta latino.
En el registro civil le agregaron el acento a Cátulo Castillo, el creador de La última curda y de otros tangos de esos que son para escuchar de pie, sombrero en mano.
E.G. Bocas del tiempo.

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